Estamos cada vez más sometidos a la presión que ejercen los fervientes devotos de la cofradía de San Joseph Goëbbels, ministro nazi de la propaganda, que obró el milagro de convertir la mentira sistemática en virtud patriótica y ahora que parecemos estar en perpétua campaña electoral proliferan las exageraciones, medias verdades, afirmaciones sacadas de contexto y falsedades descaradas, no puedo por menos que denunciar unas cuantas mentiras recurrentes que se propagan acerca de Catalunya, a la caza de votos despistados.
La catalanofobia, como el Guadiana aparece y desaparece periódicamente, especialmente cuando es necesario desviar la atención sobre los verdaderos y graves problemas que amenazan nuestra sociedad.
Catalanes que nunca fueron separatistas pero que se sentían profundamente catalanes y críticos con el centralismo uniformizante, decían que en Catalunya había separatistas porque en España había separadores. Ahora que ya no pueden expresar sus opiniones sobre las barbaridades que algunos afirman acerca de una Catalunya que no conocen ni sienten el más mínimo interés por conocer, me veo en la obligación de defender lo que ellos, ya desaparecidos, no pueden expresar.
Dicen algunos, demasiados, que en Catalunya se menosprecia al castellano-parlante, que se persigue el uso del castellano, que se odia a los españoles y que en las escuelas se adoctrina a los niños en contra de España.
Estos propagadores de mentiras ignoran o fingen ignorar que Catalunya es y ha sido siempre una tierra de acogida, que entre los apellidos más frecuente de los catalanes, el primero de ellos es García, el segundo Martínez y que entre los 25 primeros no hay ninguno típicamente catalán como Puig, Roca o Vila. Ignoran o fingen ignorar que muy pocos catalanes tienen 8 apellidos genuinamente catalanes, ignoran o fingen ignorar que en Catalunya ha habido numerosas olas migratorias, la primera de las más importantes fue la francesa a principios del siglo XVII seguida, en siglos posteriores, de otras olas de aragoneses, valencianos, extremeños, murcianos y más recientemente de andaluces. Ahora proliferan inmigrantes de otras procedencias como Paquistán, Marruecos, China y por supuesto también de países de la UE.
Ignoran o fingen ignorar que el decreto de inmersión ligüística en las escuelas promulgado en Catalunya, elogiado internacionalmente en los medios educativos más solventes, fue una ley promovida por un pueblo del cinturón de Barcelona (Santa Coloma de Gramanet), de mayoría inmigrante, que quería que sus hijos se integrasen rápidamente en la sociedad catalana. Ignoran o fingen ignorar que dicha ley se aprobó por unanimidad en el Parlament de Catalunya en el que por aquel entonces tenía una importante representación Alianza Popular, la antecesora del Partido Popular.
Afirman que se persigue la lengua castellana ignorando o fingiendo ignorar que en Barcelona radican las más importantes editoriales del mundo que publican en lengua castellana.
Cuando alguien afirma que los gatos tienen tres patas hay dos maneras de salir de dudas: consultar qué dice al respecto el manual del partido al que te sientes ligado o coger un gato y examinarlo directamente. Personalmente pienso que la mejor manera de saber qué pasa en Catalunya es acercarse a comprobarlo. Cuando se produjo la primera tregua de ETA en Euskadi, el gobierno vasco encontró un buen eslogan para recuperar el turismo peninsular: “¡ven y cuéntalo!”. Yo propongo lo mismo a quien quiera hacerlo: le ofrezco acogida en mi casa, tomar un mapa de Catalunya y sobre el mismo, a voleo, señalar una población cualquiera, coger el coche para dejarnos caer en el lugar señalado para comprobar sobre el terreno qué ocurre allí y sacar conclusiones basadas en la realidad.
Y finalmente considero que es lamentable difundir mentiras para ganar unos cuantos votos, pero es todavía más lamentable acabar creyéndose las propias mentiras.
Francesc Roca
Sant Feliu,
26-04-2019