Muchos me preguntáis qué pasa cuando alguien me encarga una obra, realmente es un proceso personal en el que se establece una relación directa entre el cliente y yo, como es lógico. Ya sea una escultura, una medalla, un dibujo o una pintura como en esta ocasión, siempre necesito saber qué es lo que le lleva a esa persona a querer que le haga esa obra de encargo: ¿qué le gusta de mi trabajo?, ¿qué espera sentir al contemplarla?, ¿donde va a estar ubicada?, ¿qué formato ha pensado?… (Voy a contaros más cosas, pero recordad que al final está el vídeo de cómo lo hice).
Normalmente los encargos surgen a raíz de una exposición, al atender personalmente la sala puedo conversar con los visitantes y compartir lo que me mueve a expresar emociones a través de mi propio estilo, en cualquier disciplina en la que desarrollo mis obras. Tener un lenguaje propio, reconocible y que conecta con el espectador favorece que exista ese diálogo que permite la adquisición de una de mis piezas o el encargo de una nueva creación. Este deseo de tener una de mis obras por parte de quien se acerca a descubrir mi trabajo es siempre un regalo para mí… y para el cliente, pues la confianza que deposita en la emoción que le acompañará en su hogar hace que el arte nos conecte y es emocionante para ambos.
He realizado numerosas obras por encargo: trofeos, medallas, esculturas, obra pública, pinturas… En cada una de ellas hay un pedacito de mí dedicado a ese momento con la misma ilusión con la que realizo mi obra personal, y eso es algo que sabe muy bien quien confía en mí. A veces tengo libertad absoluta y otras, como en el caso de «Nuestro futuro» hay alguna condición que es relevante para el cliente. Como artista creo que es importante adaptarse aportando nuestra personalidad, que para eso nos han elegido. En el apartado de esta web dedicado a la OBRA DE ENCARGO se pueden ver diferentes trabajos y lo que cada uno ha significado en mi camino, pero en esta entrada en mi blog voy a compartir los detalles del proceso de este cuadro tan vibrante que no deja indiferente.

EL DÍA DEL ENCARGO
Conocí a mi cliente a través de una tercera persona hace ya unos años, en una comida informal, en la conversación le mostré mi págian web en el móvil y le hablé de mi «Club Mecenas» (como hago siempre) y le gustaron mucho mis obras y la idea del club. Sin haber visto directamente mi trabajo se convirtió en mecenas, convencido de que con el tiempo se haría con una de mis obras. Empezó apostando por mí, por mi arte, dándome su apoyo para que pudiera seguir creando y un año y medio después me dijo que él y su mujer querían un cuadro para el salón… ¡un cuadro que tenía que ser rojo! Les gustaba mucho mi manera de reflejar la esencia de la emociones y ya tenían el lugar elegido, me dieron la libertad que pido siempre y, tras una conversación reveladora, quedaron en mí esas notas que me harían crear ese cuadro para ellos.
Nunca empiezo un encargo inmediatamente, siempre tengo obras en marcha y necesito saber qué quiero expresar en cada una de ellas, que tuviera que ser rojo era un reto añadido y eso implicó una espera más larga… bastante larga, la verdad. Además, tampoco muestro bocetos ni la obra en el proceso, el cliente solo ve el cuadro o la escultura cuando ya están terminados, de ese modo trabajo libremente y la obra final mantiene también mi propia esencia. Lo importante para mí siempre es contar algo, reflejar una emoción única, no hago versiones de otras obras, ni cambio colores, quizá podría haberme salido un cuadro rojo pero esa condición ya era suficiente compromiso adquirido, algo extraordinario que el cliente pagó con el tiempo que esperó. Realmente mereció la pena. Este cuadro llena de una manera vibrante el espacio y ofrece armonía, ritmo, vida y energía a ese hogar. «Nuestro infinito» es su título, una declaración de intenciones cuando compartimos la vida y los proyectos con quien nos acompaña en el camino, un recordatorio de todo lo vivido y lo que queda por vivir.
GRACIAS a estos mecenas y amigos que continúan aportando su granito de arena para otra obra futura, gracias por su paciencia y por hacer también suyo mi lema «Arte para vivir». Disfrutar con ellos de la sorpresa de desembalar su cuadro y de colocarlo en la pared fue un regalo maravilloso, una celebración de lo que el arte nos aporta siempre. Ahora un pedacito de mí está en su hogar y un pedacito suyo me acompaña mientras creo nuevas obras en mi estudio.
Aquí tenéis el vídeo del proceso, desde el sencillo boceto hasta su lugar definitivo. ¡Disfrutadlo!
Gracias por acompañarme.