Reflexiones sobre la vivencia matrimonial en la fe
TIEMPO DE CRISIS DE FE
Estamos viviendo una época a la que bien puede aplicarse las palabras finales del anciano Sacerdote Matatías a sus hijos ante la implantación del helenismo alejandrino en todo el país regido por Antíoco IV, con Judea incluida. Una cultura mundana, enemiga de la religiosidad hebraica, provocó la rebelión de los hermanos Macabeos, a los que exhorta a resistir el padre: “Hoy triunfan la insolencia y el descaro; son tiempos de subversión y de ira” (Mac 15, 1).
Ahora habría que modificar un tanto la frase. No falta la violencia, pero es mucha más la indiferencia y el desprecio: “Son tiempos de apática indiferencia y desprecio”.
No expresamos ninguna novedad al afirmar que la sociedad, en otro tiempo denominada cristiana, que se configuró con unos valores derivados de dicha fe, ha experimentado un grave cambio, que sigue dándose, cuya manifestación sociológica más evidente es el creciente abandono de esa fe por parte de muchos de sus miembros, los bautizados. Ya en su primera misa, en la Capilla Sixtina, el papa León XIV se refirió con acento dolorido a este fenómeno, la apostasía, que presume de escepticismo, de la fe evangélica para sustituirla por otras o por un vacío de creencias religiosas.
LA RELACIÓN CONYUGAL
No vamos a analizar la situación en su totalidad; nos centramos en un sector importante de ese fenómeno: la relación conyugal. Es frecuente el caso de parejas, que han formalizado su relación mediante un sacramento: el matrimonio, y luego, ambos o uno de ellos, han dejado de su unión inspirados en la relación con Cristo y con Dios. Y hay quienes conviven sin sacramento.
EUFEMISMO HIPÓCRITA
Para designar la convivencia conyugal de hecho, aunque no de derecho, con términos que «suenen bien» en el clima social del mundo secularizado, se ha inventado una denominación que no es sino un eufemismo hipócrita: “relación en pareja”. Se vive en pareja o “se tiene pareja”.
Este tipo de relación es muy antiguo, y para designarlo se utilizó en el lenguaje jurídico del derecho romano una palabra: “concubinato”.
MATRIMONIOS QUE SON «PAREJAS«
¿Qué se quiere decir con esta frase paradójica? Pues nos referimos al caso de matrimonios en el que ambos o uno de los dos han abandonado la fe. Es, de hecho, un fenómeno de apostasía, pues en su convivencia se halla ausente la «comunión» en la fe.
Tal vez se trate de una pareja muy unida: Están muy enamorados y van juntos a todas partes. Menos a una: La misa dominical y demás recepción de sacramentos, salvo que se trate de un «acto social», como es la misa funeral por familiares o amigos. En estas ocasiones el descreído puede que se haga presente con todo respeto, pero sin participar propiamente.
¿Se puede afirmar que tales cónyuges, en un sentido existencial, son matrimonio? Si falta la «comunión» en lo que da carácter matrimonial a su relación, ¿no habrá que designar tal convivencia como “en pareja” y no “en matrimonio”?.
AMOR Y SALVACIÓN
Una cuestión interesante plantea esta realidad, si pensamos en la eterna salvación tras de la muerte. En el mundo extratemporal no está predicha la relación conyugal, tal como se realiza en esta vida. En caso de la maliciosa propuesta de los saduceos a Jesús con el fin de tentarle es muy ilustrativo si tenemos en cuenta la respuesta del Señor. La cuestión es tan cierta e importante que figura en los tres evangelios sinópticos: Mateo 22, 22-23; Marcos 12, 18-27; Lucas 20, 27-40. Tomamos lo esencial de la respuesta de Jesús: En la otra vida no existirá el matrimonio “Ni los hombres se casarán, ni las mujeres serán dadas en matrimonio”.
Esa es la condición futura y para siempre. ¿Y los que en este mundo estuvieron casados quedarán en situación independiente? Eso no se dice en la doctrina tradicional. Más en los que tuvieron relación conyugal a modo de pareja de hecho y no en comunión de fe, si uno de ambos queda condenado por su separación de Dios sin arrepentimiento, está claro que estarán cada uno en un estado diferente, de salvación y condenación. Algo terrible para quienes ahora estuvieron muy unidos a modo de paganos.
Este es el problema, y la desgracia, de las parejas que, habiendo recibido el carácter sacramental de su unión, han vivido como si tal comunión no se hubiera dado, a causa de la apostasía de uno de los dos. Hubo amor, sí, pero no «en Cristo».