Ella vive donde el invierno
dibuja escarcha en los balcones,
y escribe cartas con aroma a té
y versos que abrigan corazones.
Él vive donde el sol despierta temprano
y el viento juega con la arena dorada,
y responde con trazos de colores
que pintan la vida que sueña y ama.
Ella le manda poemas suaves
como mantas sobre la distancia,
palabras que enseñan constelaciones
y cuentos que cruzan el agua.
Él le manda dibujos valientes:
jirafas que tocan las nubes,
casas con risas en las ventanas
y caminos que nunca se rinden.
Entre sobres viaja un puente invisible
que une dos mundos lejanos:
una mujer que regala palabras
y un niño que regala su mano.
Y así, carta tras carta, se escriben
con tinta, esperanza y luz,
una amistad que no conoce fronteras
ni mapas que la detengan jamás.