Dos años y dos meses ya,
desde que te fuiste en silencio,
y aún me pregunto cómo
llenar este vacío sin tiempo.
Tu risa era mi canción,
tu abrazo, mi refugio seguro,
ahora solo me quedan ecos
y el amor que puro y duró,
sigue latiendo en mi pecho,
como un faro en la tormenta.
Aunque no estés, me guías,
aunque no hables, me cuentas
historias en cada recuerdo,
en cada sueño que me abriga.
Mamá, aunque el tiempo pase,
nadie como tú me hacía sentir vida.
Y aunque la distancia duele,
y los días sin tí son largos,
sé que en algún lugar me miras
y me secas las lágrimas con tu amparo.
Te llevo aquí, en cada paso,
en cada cosa buena que vivo,
porque tu amor no se fue contigo,
solo se hizo eterno, invisible y mío.